La isla fue ocupada por las culturas pre incas Pukará y Lupaka, las cuales fueron las madres de Tiahuanaco. Como resultado de la presencia de estas culturas se levantan en las cumbres de la isla restos arqueológicos de vital importancia hasta la actualidad, ya que en estos recintos se llevan a cabo rituales como pago a la tierra y a la fertilidad. La isla también fue ocupada por los Incas, y durante la invasión española se vio mínimamente perturbada. Con el paso de los años fue tierra de haciendas, pero a mediados del siglo XX, luego de varias sublevaciones, los amantaneños lograron expulsar a los terratenientes y adquirir las tierras.
Actualmente es un pueblo quechua e hispano parlante, conformado por 4000 habitantes que habitan en casas de barro y que reviven cada año las tradiciones ancestrales heredadas.
Altitud:
La está sobre los 3800 m.s.n.m. El clima es seco templado: cálido en las mañanas, frío en la tarde y noche.
Turismo:
Uno de los grandes atractivos de esta isla es que en sus campos crece de forma natural la “Flor de la Cantuta”, nuestra flor de bandera, descubierta por Antonio Raimondi en sus viajes por el Perú.
Otro factor importante es la ruralidad de la vida en las apacibles tierras de esta isla. A cualquier hora del día y en cualquier parte de la isla se puede apreciar mujeres de todas las edades tejiendo mantas, chalinas y gorros que luego venden en la feria artesanal del “Pueblo”, donde los pobladores, de manera comunitaria y rotativa, ofrecen sus mercancías de 3 a 6 de la tarde.
En la plaza, alrededor de la estatua del Inca Cápac Colla y frente a la iglesia, las mujeres ofrecen helados caseros y refrescos de alfalfa y papaya. En las noches, en esta misma plaza y en las calles alrededor, la fiesta estalla. Famosos en todo el altiplano, los bailes autóctonos se despliegan al compás de quenas, zampoñas y charangos, homenajeando al turista o a los invitados solemnes del pueblo. Dos tradiciones son las que resaltan de todas las manifestaciones culturales de esta isla: el pagapu y la ceremonia del matrimonio.
El primero, cuya traducción a castellano es “pago a la tierra”, se realiza durante el segundo jueves de cada mes de enero, en el día de San Sebastián. Las locaciones son los cerros Pachamama (Llaquistiti) y Pachatata (Coanos), elevados 320 metros desde la superficie.
Durante la ceremonia se abren, por única vez en el año, las puertas de los recintos prehispánicos que se asientan en las cumbres de estos cerros. La dirección de las acciones está a cargo del Pako (sabio indígena), quien, vestido con poncho y llevando su chuspa (bolso tejido) llena de hojas de coca, coloca la “mesa” junto con su ayudante. La “mesa” está compuesta por objetos rituales colocados según un orden tradicional. Los elementos que se colocan sobre la mesa, una tela tejida por lana de llama, son: hojas de coca, un feto de llama, vino tinto, grasa de llama, incienso y conchas. Con la mesa lista, el Pako saluda a los Apus y a los 4 puntos cardinales, empezando por el este, donde sale el sol. Después se recitan oraciones, y finalmente la mesa es quemada en una hoguera de guano y las cenizas enterradas en la caverna dentro del recinto sagrado. Lo que continúa es el baile.
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